La demanda global de energía viene creciendo durante la última década y continuará haciéndolo en 2026 y 2027, aun con la guerra del Golfo sin resolver, su impacto sobre los precios y las políticas de ahorro energético implementadas por algunos países.
La demanda de electricidad crecerá a tasas de entre el 3% y el 4%, con los data centers, la industria, el acondicionamiento de aire y los autos eléctricos como principales drivers, alcanzando los 31.000 teravatios hora (TWh) para 2027, un crecimiento sustancial desde los 25.000 TWh de una década atrás (fuente: IEA).

En 2026, las principales economías se han adaptado a la reducción de proveedores de GNL debido al cierre del Estrecho de Ormuz, básicamente mediante una mayor producción en Estados Unidos. A futuro, nuevos proyectos de GNL están tomando dinamismo en regiones consideradas seguras, como Estados Unidos, Vaca Muerta, la costa occidental africana y Australia.
Sin embargo, esto no ha evitado que la brusca reducción del 20% del abastecimiento proveniente del Golfo Pérsico haya impactado en el precio del GNL, que alcanzó sus mayores valores del último quinquenio. Esta situación generó un switching hacia un mayor consumo de carbón en Asia y Europa, mientras se mantuvieron las altas tasas de inversión en energías renovables.
Las tasas de crecimiento sostenidas —y elevadas— de las energías renovables, con valores cercanos al 8% en 2026, les han permitido convertirse en la principal fuente de generación global, superando al carbón y a los hidrocarburos, que mantienen participaciones cercanas a un tercio cada uno.
Por otra parte, la IEA proyecta que se mantendrán las tasas de crecimiento de las energías limpias, impulsadas principalmente por la energía solar y por un incremento de la generación nuclear, lo que permitiría a las renovables alcanzar el 40% de la demanda mundial hacia finales de esta década.
El desarrollo de las redes eléctricas (grids) y su integración con fuentes de energía de base serán esenciales para mantener estables estos sistemas y ganar flexibilidad en función de la conveniencia temporal de los precios, lo que también tendrá impacto sobre los costos de la energía.
Entre las fuentes no renovables, se prevé un crecimiento del GNL, acompañado por una estabilización del carbón y el petróleo. Son buenas noticias para el planeta, que año tras año nos muestra que ya no soporta más CO₂ en su atmósfera.