La isla importa US$ 500.000 millones anuales
Este país, considerado por años como la puerta de Oriente para Occidente y muy conocido por los traders de granos, siempre resultó lejano para el radar de la industria local.
Singapur es un país con solo 6 millones de habitantes y solo 700 km² de superficie, tiene un PBI superior al de Argentina, una tasa de crecimiento anual del 5% y un estándar de vida superlativo.
Estas virtudes le permitieron importar bienes por US$ 500.000 millones en 2025, y el reciente Acuerdo de Libre Comercio con Mercosur abre una gran oportunidad para nuestro país.
La exportación de nuestro país ha sido marginal en el último quinquenio, con un promedio menor a US$ 100 millones anuales, siendo una isla con muy baja superficie y demandante de todo tipo de alimentos, desde básicos hasta premium.
Siendo Singapur uno de los mayores importadores mundiales (ocupa el lugar 16), comprando casi la totalidad del alimento que consumen y con un poder adquisitivo que supera los US$ 100.000 per cápita, es un mercado potencial óptimo para exportar bienes de alto valor agregado, un tema que ya tratamos en newsletters anteriores y que representa la gran oportunidad para que el campo y la agroindustria puedan duplicar sus exportaciones en la próxima década.
Esto no quiere decir que vaya a ser fácil, ya que estos mercados premium de Oriente ya están muy bien atendidos por competidores directos como Australia y Nueva Zelanda, y, además, la puerta también se abrió para Brasil, un exportador de alimentos por excelencia. Pero la demanda de Singapur de carne vacuna, pescado, frutos de mar, pollo, vino, frutas, aceites de calidad y esenciales (de oliva y limón, por ejemplo), debe abrirnos los ojos para ponernos a trabajar en el desarrollo de las habilitaciones sanitarias, la logística y la construcción de relaciones comerciales con importadores que permitan posicionar nuestros productos con valor agregado en las góndolas de la isla, algo que hoy casi no existe.
El Gobierno hizo su parte promulgando la Ley 27.819, que establece un marco de acceso preferencial para los productos originarios del Mercosur. Queda ahora que las cámaras industriales, las provincias y Cancillería generen planes de trabajo que permitan colocar productos premium argentinos como la carne vacuna, el calamar, el aceite de oliva, las esencias de limón y los derivados lácteos.
El potencial identificado por el International Trade Center (ITC) ubica a la carne bovina congelada entre los primeros productos con mayor margen para ampliar las ventas, y los frigoríficos argentinos tienen la ventaja de que ya hay contactos comerciales, conocimiento del mercado y una oferta ganadera creciente con capacidad para abastecer segmentos de mayor valor. Según indican los especialistas, la oportunidad pasa por ampliar la variedad de cortes y avanzar sobre nichos de calidad.
El vino, una industria que no pasa por su mejor momento económico, es otra posibilidad interesante y, según estima el ITC, tiene un potencial de (nada menos que) US$ 7 millones, enfocado en desarrollar segmentos premium vinculados con hoteles, restaurantes y consumidores premium, rubros con altos márgenes, pero que requieren planes de desarrollo de mediano plazo.
Otro caso citado por el ITC es el de los lácteos, otro negocio que viene de un proceso de fusiones y estrés económico. La leche en polvo aparece como otro producto con margen de crecimiento, con un potencial de US$ 4 millones anuales, pero Argentina (aunque cuenta con escala productiva) deberá competir con proveedores internacionales consolidados en este mercado.
Finalmente (o quizás como para empezar a trabajar), hay otras oportunidades para productos agrícolas como aceites de girasol, grasas, miel, frutas de clima templado (contraestación) y aceite de oliva. Muchos son productos de economías regionales que requieren nuevos mercados, ya que hoy funcionan para sobrevivir, pero requieren de un plan de trabajo junto a gobiernos y cámaras, ya que se necesitan desarrollar cadenas de aseguramiento de calidad y cadenas de frío eficientes que les permitan llegar como productos de alta calidad. Chile y Oceanía nos llevan años de ventaja, pero ello no es un impedimento para que empecemos a aprovechar las oportunidades, en lugar de quedarnos a esperar que una devaluación nos permita ganar competitividad y que difícilmente nos permita salir del aceite de soja compitiendo con la palma o la carne en gancho congelada.
Además, Singapur no es solo un mercado en sí mismo, sino que también puede funcionar como plataforma de entrada al sudeste asiático, ya que es un centro logístico, financiero y comercial desde el cual empresas internacionales operan hacia otros mercados de la región.