Profesional de laboratorio analiza datos junto a una bandeja con frutas y verduras frescas, en un entorno de control de calidad y seguridad alimentaria.

Argentina, parte de los «anclajes» globales en seguridad alimentaria

Economist Impact emitió el Resilient Food Systems Index (RFSI): Global Report 2026. Resulta interesante compartirlo porque el índice evalúa la resiliencia de los sistemas alimentarios en 60 países a través de cuatro pilares interdependientes: asequibilidad (affordability), disponibilidad (availability), calidad y seguridad (quality and safety), y capacidad de respuesta al riesgo climático (climate risk responsiveness).

El informe señala que ya no basta con producir alimentos de forma eficiente o barata; la verdadera resiliencia radica en la capacidad de todo el sistema para absorber perturbaciones (climáticas, geopolíticas o económicas) sin desmoronarse.

Menciona lo que llaman dependencia de «anclajes» globales: solo 15 países producen el 70% de la comida mundial, y 11 de ellos concentran más del 60% de las exportaciones globales. Cuando sus sistemas sufren disrupciones, los impactos se propagan rápidamente en forma de alzas de precios y desabastecimiento a nivel global.

Dentro del índice global, Argentina ocupa el puesto 25 de 60 países, obteniendo un puntaje general de 68,31 sobre 100, consolidándose en el rango de países con sistemas de resiliencia intermedia, pero enfrentando serias limitaciones estructurales y macroeconómicas.

Argentina: oportunidades y fortalezas

El reporte destaca a Argentina como uno de los actores fundamentales para la seguridad alimentaria internacional:

Pilar y anclaje del mercado global (oportunidad de mercado): Argentina es identificada explícitamente como uno de los grandes motores de exportación agrícola del planeta. El país ostenta una participación del 4,5% del total de las exportaciones globales de alimentos en toneladas, situándose entre los 15 exportadores más grandes del mundo. Esto le otorga una relevancia geopolítica enorme y una oportunidad constante de financiamiento e inserción comercial en redes de suministro globales.

Resiliencia productiva: Al formar parte de los «anclajes globales», la capacidad de sus suelos y su estructura técnica para generar saldos exportables masivos funciona como un estabilizador de los mercados internacionales, lo cual respalda la oportunidad de atraer inversiones en infraestructura tecnológica (agritech) y financiamiento verde mixto.

Argentina: debilidades y vulnerabilidades

A pesar de su enorme músculo exportador, el informe describe factores internos críticos que afectan la resiliencia del sistema alimentario puertas adentro:

Vulnerabilidad macroeconómica crónica: A pesar de ser clasificado como un país de ingresos medios-altos, el informe ubica a Argentina (junto con Turquía) como uno de los países más vulnerables en términos de costo de vida y acceso a los alimentos. Esto se debe a la inflación persistentemente alta, la debilidad de la moneda y la inestabilidad macroeconómica.

Impacto en los hogares: Esta fragilidad económica provoca que las crisis de precios globales o las devaluaciones de la moneda se trasladen con extrema rapidez a los hogares argentinos. De esta forma, aunque el país produce alimentos para millones de personas, la población local sufre presiones distributivas severas para costear dietas saludables.

Brechas en infraestructura de valor (cold chains): Al igual que en otros grandes productores globales, persisten desafíos para asegurar que las ganancias de productividad no se pierdan «traspasando la puerta del campo». El reporte resalta fallas globales en la cadena de extremo a extremo y en la logística de transporte terrestre, algo que encarece los costos comerciales internos y debilita la resiliencia de los pequeños y medianos productores ante shocks climáticos.

Mientras el informe de Economist Impact ubica a la Argentina en el selecto grupo de «anclajes globales» capaces de estabilizar el suministro internacional, la realidad de este primer tramo de 2026 lo confirma con un récord histórico en el comercio exterior. Las exportaciones agroindustriales alcanzaron en el primer cuatrimestre un volumen sin precedentes de 41,07 millones de toneladas (un 18% más que en 2025).

Este espectacular rendimiento exportador está liderado por el trigo (10,6 Mt, +67% interanual) y el maíz (17,1 Mt, +14% interanual) en los primeros cinco meses del año, acompañados por el fuerte despegue del complejo girasol y la intensificación de los embarques de soja (1,9 Mt de grano y 13,6 Mt procesadas para aceite y harina). A esto se suman mejoras notables en complejos clave como la pesca (+28%), los lácteos (+24%), las hortalizas pesadas (+20%) y las legumbres (+42%).

Este vigoroso ritmo exportador convalida la enorme oportunidad de mercado detectada por el RFSI, demostrando que la capacidad productiva del agro argentino sigue siendo un motor formidable. Sin embargo, el paralelismo crítico que se plantea es que el récord de camiones en los puertos y los millones de toneladas embarcadas conviven en el mismo espacio-tiempo con la debilidad macroeconómica interna.

La alta inflación y la erosión del poder adquisitivo local provocan que, en medio de un año de abundancia de divisas comerciales y cosechas récord, las familias argentinas sigan enfrentando serias dificultades para acceder a una nutrición saludable de manera asequible. El gran desafío del país no es producir o exportar más volumen, sino lograr que esa eficiencia comercial funcione como un verdadero escudo de resiliencia social y alimentaria para su propia población.