Surtidor de combustible verde con gota de biocombustible frente a tubos de ensayo con material vegetal

Brasil evalúa subir al 20% el biodiésel y limita su importación

La industria brasileña de biocombustibles ha aprovechado las interrupciones en el suministro de petróleo y gas en Oriente Medio para impulsar la obligatoriedad de aumentar el porcentaje de mezclas de diésel y etanol a base de soja.

El Ministerio de Minas y Energía decidirá esta semana si contrata más laboratorios para evaluar el rendimiento técnico de mezclas de hasta un 20% de biodiésel, frente al límite actual del 15%, con el objetivo de reducir a 4 meses el proceso de aprobación.

Brasil importa aproximadamente una cuarta parte del diésel que consume, con un incremento de casi un 24% desde el inicio del conflicto a fines de febrero (según la Agencia Nacional de Petróleo). Dado que el biodiésel brasileño ahora es más barato que el diésel, las mezclas con mayor concentración mejorarían la seguridad energética; medida que podría impulsar la demanda de soja en el mayor productor mundial de esta oleaginosa, cuya mayor parte se exporta a China para alimentación animal.

Recordemos que, a principios de este mes, el país vecino aprobó una resolución que dispone que todo el biodiésel utilizado para el corte obligatorio con gasoil debe provenir exclusivamente de unidades de producción autorizadas por la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP). En la práctica, la normativa impide la importación de biodiésel y afecta las exportaciones argentinas de aceite de soja.

La entidad que agrupa a la industria aceitera brasileña (Abiove) estima que en 2026 Brasil deberá importar 125.000 toneladas de aceite de soja, versus 105.000 y 100.000 toneladas en 2025 y 2024, respectivamente. En términos económicos, existía la posibilidad de reemplazar las importaciones de aceite de soja por biodiésel argentino ya procesado.

Ese esquema habría permitido mayor eficiencia en la cadena y reducción de costos logísticos. Sin embargo, la nueva normativa del Consejo Nacional de Política Energética de Brasil (CNPE) cierra completamente esa opción.

En resumen, la soberanía productiva le está ganando la pulseada a la eficiencia de mercado. Para Argentina, esto no es solo una mala noticia comercial; es un cambio de paradigma en la relación energética con su principal socio del Mercosur.