Vista panorámica de un valle montañoso con río serpenteante en el fondo, rodeado de altas laderas áridas bajo cielo parcialmente nublado.

El cobre sanjuanino saldrá por Chile

El megaproyecto minero que integra los yacimientos Josemaría y Filo del Sol del lado argentino —junto con otros dos desarrollos del mismo grupo inversor en Chile— publicó el Informe Técnico Integrado de la compañía Lundin, donde se define su plan logístico y financiero.

El documento desarrolla el esquema binacional del proyecto, que contempla una inversión por etapas, incluyendo la construcción inicial y obras complementarias. Tal como se conocía previamente, establece a Chile como canal de salida para la exportación del concentrado de cobre, una decisión estratégica alineada con el abastecimiento del negocio global del grupo.

La confirmación de que el transporte del mineral se realizará hacia el Pacífico admite dos lecturas. La primera, positiva: esta vía de salida viabiliza el proyecto, que difícilmente sería competitivo si debiera exportar por el río Paraná. Vale recordar que el distrito Vicuña se ubica a aproximadamente 120 km del Pacífico y a 1.200 km del Atlántico, y que estas minas producirán concentrado de cobre, no cátodos (metal refinado).

La segunda lectura es menos favorable: el valor agregado local se limitará a la etapa primaria de concentración del mineral y al pago de regalías a la provincia titular del recurso. No habrá, en esta fase, agregado de valor industrial ni desarrollo significativo de servicios logísticos de exportación del lado argentino.

Sin embargo, también aquí caben dos miradas. Si no se comienza con este tipo de proyectos, difícilmente lleguen en el futuro iniciativas con fundiciones integradas que permitan mayor industrialización.

En paralelo, la realidad exige autocrítica: no habrá agregado de valor mientras no existan energía, rutas y ferrocarriles que permitan a un inversor competir internacionalmente. Considerando lo realizado en las últimas dos décadas y la actual debilidad en materia de infraestructura, cerrar esa brecha podría demandar muchos años. Por otra parte —y en honor a la objetividad— Chile aprovechó el ciclo de buenos precios para desarrollar infraestructura estratégica. Basta visitar una mina chilena para encontrar rutas, ferrocarriles e incluso plantas desalinizadoras que evidencian una planificación de largo plazo, en contraste con las limitaciones del lado argentino de la cordillera.

En síntesis, este esquema representa, hoy por hoy, la única estrategia factible para concretar el desarrollo minero a gran escala.


Logística y fases del proyecto

En su primera etapa, el transporte se realizará mediante camiones cisterna con tecnología rotainer, conectando la mina Josemaría con puertos chilenos a través de la actual Carretera de Acceso Norte. En la costa del Pacífico, el concentrado será almacenado y posteriormente embarcado hacia fundiciones internacionales, muchas de ellas en Asia.

En fases más avanzadas, el informe técnico contempla infraestructura más eficiente, incluyendo un ducto para transporte de pulpa y una planta desalinizadora en territorio chileno, optimizando la competitividad logística del distrito binacional.

El desarrollo del Distrito Vicuña se ejecutará en tres etapas:

  • Etapa 1: inicio de producción en Josemaría.
  • Etapa 2: desarrollo de óxidos en Filo del Sol.
  • Etapa 3: expansión de la planta concentradora y explotación de sulfuros.

Financiamiento y plazos

En relación con el financiamiento, Jack Lundin, socio del grupo minero, confirmó que la compañía cuenta con respaldo financiero para iniciar las obras, tras asegurar una línea de crédito ampliada a US$ 4.500 millones.

El cronograma de la primera etapa prevé 40 meses de desarrollo, incluyendo aproximadamente 6 meses de puesta en marcha.


Impacto económico y regional

Las proyecciones indican un impacto significativo en las economías cordilleranas de ambos países. Durante la fase de construcción se estima la generación de 5.500 empleos directos y 19.000 indirectos. En régimen operativo, el aporte fiscal podría ubicarse en torno a US$ 1.000 millones anuales en impuestos y regalías para la Argentina.

En materia de inversión, el impacto será particularmente relevante en la región chilena de Atacama, donde se desarrollarán activos estratégicos como la planta desalinizadora, acueductos e instalaciones portuarias, que también darán servicio a otras minas del grupo, como Candelaria y Caserones.

Del lado argentino, se prevé el desarrollo de rutas e infraestructura para el transporte de personal e insumos, además de una línea de alta tensión desde Rodeo hasta la mina.


Perspectiva estratégica

En el negocio del cobre, con horizonte de décadas, Chile y Argentina comparten la misma cordillera y los recursos que ella contiene. Chile ha desarrollado este sector de manera sostenida durante más de medio siglo, apoyado en estabilidad normativa e infraestructura adecuada, lo que le permitió posicionarse como uno de los principales proveedores globales de cobre. Actualmente cuenta con una docena de minas, aproximadamente la mitad productoras de concentrado y la otra mitad integradas con fundiciones para producir cátodos, multiplicando significativamente el valor agregado.

Argentina, con los vaivenes ya conocidos, solo desarrolló una mina relevante de concentrado de cobre —Bajo de la Alumbrera— que operó durante décadas hasta su agotamiento. El Distrito Vicuña podría representar el primer paso para retomar el desarrollo del sector.

En combinación con recursos estratégicos como Vaca Muerta y políticas de largo plazo que garanticen estabilidad y respeto a la propiedad privada, el país podría aspirar —si mantiene consistencia durante las próximas décadas— a desarrollar plenamente su minería e incluso avanzar, en el mediano plazo, hacia una fundición propia de cobre.

Como suele decirse, “hagamos votos y votemos para que esto ocurra”.