Caminos Rurales – 60 años haciendo mal las cosas

La ingeniería pudo comprobar que la naturaleza tenía razón.

La forma de mantener (o de no mantener) la red de caminos rurales genera serios problemas de erosión en una superficie muy amplia del territorio argentino, más que nada en las provincias del núcleo agrícola tradicional: Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos.

A pesar de su papel clave como vía de salida de las cosechas de maíz, soja y trigo, casi todos los caminos rurales de la Argentina están en mal estado, y cuando llueve se inundan con tanta facilidad que se convierten en canales. La forma de mantenerlos que se usó durante los últimos sesenta años -remoción de suelos y borrado de huellas- no solo no los mejoró, sino que los fue empeorando, y esto tuvo efectos negativos para la producción, la seguridad vial y el ambiente.

Desde la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables (AACRUS) se ha propuesto dejar de lado la remoción frecuente de tierra para “emparejar” en favor de entrar a un nuevo paradigma de conservación y mantenimiento en el que prevalece el pasto en banquinas y cunetas, la compactación de la calzada y la generación de corredores verdes aledaños que sirven como espacios de retención de agua.

Hacia un nuevo paradigma con cobertura verde

El manejo sustentable de caminos rurales se apoya, de hecho, en pocos principios simples y económicos: el empastado de banquinas y cunetas, la no remoción del suelo en la zona central del camino y la incorporación de la cortadora de pasto como herramienta clave en los corralones de mantenimiento vial de pueblos y comunas.

Para eso hace falta convencer a los que toman decisiones: los presidentes comunales o el personal encargado de los caminos rurales. Una veintena de localidades de la provincia de Santa Fe ya avanzaron, en distinto grado, en su aplicación.

Los ingenieros de la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables proponen dejar crecer el pasto en las banquinas y la vegetación natural en las veredas: no fumigarlas y convertirlas en refugio.

Otro punto clave: que las cunetas tengan pasto, para así bajar la velocidad con la que corre el agua. La presencia de pasto o vegetación natural disminuye la erosión hídrica y genera una mejor capacidad de infiltración y retención de agua. Las banquinas también tienen que estar empastadas por los mismos motivos: la vegetación baja la velocidad del agua y escurre sin arrastre de suelos, lo que constituye la principal causa de que los caminos estén cada vez más deprimidos. Las calzadas, que son la parte central del camino, deben estar compactadas y estabilizadas, algo que se consigue cuando se deja de remover de forma frecuente la tierra.

Gentileza AACRUS

Fuente: AACRUS & INFOBAE