Por Juan Fregonese
Debido a los recortes se seguirá demorando una obra clave para la energía nuclear, la Central Argentina de Elementos Modulares (CAREM), un reactor de 25 megawatts (Mw) de potencia combinable con hasta cuatro módulos, dando lugar a una central de 100 Mw.
Se trata de un proyecto que no solo aportará energía segura, sino que pondría al país en el liderazgo global de esta tecnología de baja escala.
Germán Lavalle, flamante presidente de CNEA, confirmó los retrasos en el avance de la obra civil y en la ingeniería debido al congelamiento de fondos, pero rechazó la paralización del proyecto lindero a ATUCHA. Actualmente se encuentra a la espera que el gobierno nacional le envíe dinero para continuar con los trabajos pendientes, recorte que ya había ocurrido en el último periodo del gobierno anterior.
Algo similar vivimos hace unas semanas atrás cuando debimos volver a épocas morenistas que la industria pensaba superadas, debido a la demora por falta de fondos de tres plantas compresoras del nuevo gasoducto. A dos de ellas no las tendremos en funcionamiento hasta después del invierno por recortes del gobierno anterior que fueron prolongados por la motosierra del actual.
El sobrecosto del GNL, más combustibles líquidos quemados y lucro cesante industrial hubiesen pagado las plantas compresoras.
Hace unos meses recordábamos en este modesto newsletter a Ortega y Gasset con aquel “argentinos, a las cosas”. Pasaron seis meses de Gobierno, y en el tema energético ya es tiempo de “más gestión y menos stand up”.