La empresa Meitner Energy presentó una iniciativa privada para construir su primer reactor SMR.
El proyecto, bautizado ACR-300, tiene la intención de calificar para el Súper RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), el régimen de megainversiones que todavía está pendiente de aprobación en el Congreso.
Pablo Franzetti y Teófilo Lacroze, directivos de Meitner Energy, la compañía conformada entre capitales estadounidenses e INVAP para desarrollar el reactor ACR-300, presentaron la semana pasada ante el Ministerio de Economía una iniciativa privada por US$ 1.200 millones para construir su primera unidad SMR en la Argentina.
El proyecto de Meitner Energy es la segunda iniciativa privada para el sector nuclear presentada este año, junto con la propuesta de la empresa estadounidense Nano Nuclear Energy para finalizar la planta de uranio de Dioxitek en Formosa.
En concreto, la iniciativa de Meitner contempla la construcción, en el complejo nuclear de Atucha, de un reactor modular pequeño (SMR) con una potencia de 300 MWe, cuya construcción daría origen al primer proyecto First of a Kind (FOAK) de este diseño a nivel mundial.
Nucleoeléctrica Argentina, la empresa estatal que opera las centrales nucleares, tendrá, por su parte, el derecho de asumir la operación y el mantenimiento de la central «en condiciones de mercado», servicio por el cual Meitner Energy abonará un canon junto con el derecho real de superficie sobre los terrenos donde se emplazará la central.
El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, indicó: «Es exactamente el modelo que venimos impulsando: el Estado genera las condiciones y garantiza la previsibilidad, y el sector privado invierte el capital asumiendo el riesgo, en consonancia con los Lineamientos de la Política Nuclear Argentina que presentamos a finales de mayo».
Argentina tiene el antecedente del reactor prototipo CAREM, cuyo desarrollo fue frenado tras una revisión independiente que sugirió realizar correcciones en el diseño. El proyecto de Meitner no implicaría una adaptación de dicho reactor, sino el desarrollo directo de un reactor comercial, sin pasar antes por un prototipo. El proyecto del ACR-300 se encuentra en un estadio aún preliminar, donde Meitner concluyó la ingeniería conceptual y está trabajando en la ingeniería básica del reactor, con dos revisiones críticas internacionales superadas con éxito.
Para esta tarea, la empresa está empleando a un equipo de 120 profesionales, principalmente en Bariloche, muchos de los cuales provienen de Nucleoeléctrica y de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Algunos, inclusive, dejaron el proyecto CAREM para sumarse a Meitner en un contexto de bajos salarios en la CNEA, que además esta semana desvinculó a 60 contratados, lo que, según las autoridades, no involucró personal técnico especializado.
En paralelo, y cumpliendo con la regulación vigente, la empresa deberá licenciar el diseño y la construcción de su primer reactor ante la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), el organismo regulador del sector nuclear argentino. Una vez cumplidos esos pasos y con la aprobación de la iniciativa por parte del Ministerio de Economía, la empresa proyecta construir el reactor en aproximadamente cinco años. Un plazo ambicioso para los especialistas del sector, pero propio de un grupo inversor acostumbrado a las apuestas en innovación tecnológica, ya que fue uno de los primeros inversores en el proyecto SpaceX de Elon Musk.
Los inversores estimaron la creación de 2.000 puestos de trabajo directos durante las etapas de desarrollo, construcción y puesta en marcha del reactor.
Meitner presentó algunos aspectos del diseño ACR-300 y de la perspectiva general del proyecto, que tiene a INVAP como accionista minoritario con el 40% de las acciones y es liderado por el empresario estadounidense de origen iraní Hamid Ansari, con el resto del paquete accionario. El ACR-300 es un reactor SMR de 300 MW de potencia eléctrica y, conceptualmente, se trata de un reactor de agua presurizada (PWR, por sus siglas en inglés) compacto, lo que en la industria se considera un reactor de tercera generación. Existen varios diseños SMR en el mundo que, conceptualmente, también son reactores de agua presurizada.
Según Lacroze, la principal fortaleza del ACR-300 estará en la combinación justa entre innovación «donde realmente importa» y tecnologías ya probadas para el funcionamiento del reactor. «El 11% de los componentes de un reactor generan el 67% de los costos; es ahí donde ponemos el foco, en aspectos como la configuración horizontal, que hace que nuestros componentes y la construcción de los reactores sean un 40% más pequeños que los de otros SMR», explicó.
Agregó: «Nuestra misión es desarrollar soluciones nucleares limpias, sostenibles y escalables. Hacer eso en la Argentina, aprovechando el ecosistema nuclear argentino y también, sin dudas, el contexto macroeconómico, la estabilidad y las reglas claras de largo plazo aseguradas a través de programas como el RIGI o el proyecto del Súper RIGI, que sin dudas es muy relevante para nuestra industria».