Vista interior de un reactor nuclear durante tareas de montaje o mantenimiento.

La nueva política nuclear argentina planea exportar valor agregado

El nuevo secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, asumió con el mandato de transformar en rentables las inversiones históricas del Estado en la industria nuclear, en un contexto de renovado auge global del sector. Ex presidente de Dioxitek —empresa estatal dedicada a la producción de dióxido de uranio para centrales nucleares y cobalto-60 para usos médicos e industriales—, el funcionario busca reorientar el sistema hacia un modelo con escala industrial y capacidad comercial.

Ramos Napoli sostuvo que, pese a los 75 años de inversión continua, el sector nuclear argentino no logró traducir ese capital acumulado en capacidades productivas exportables. “Tenemos recursos humanos y conocimiento, pero carecemos de una estructura que gobierne y alinee incentivos, lo que reduce el retorno de la inversión”, afirmó.

El foco de la nueva gestión estará puesto en agregar valor e insertar a la Argentina en las cadenas globales del combustible nuclear, para lo cual propuso repensar el esquema de financiamiento de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). El objetivo es que la CNEA mantenga su rol en investigación y desarrollo, pero que, al alcanzar cierta masa crítica, los servicios y productos migren hacia estructuras empresariales capaces de generar retornos que retroalimenten nuevos proyectos.

“La lógica debe ser la de un modelo de negocio: un proyecto no termina con su inauguración, ahí comienza su vida productiva”, explicó. En este esquema, el financiamiento debería combinar aportes del Tesoro con ingresos derivados de activos desarrollados por la propia Comisión.

Como antecedente, citó su gestión en Dioxitek, donde una reingeniería permitió saldar para 2026 deudas acumuladas desde 1999 con la CNEA por la producción de molibdeno en el reactor RA-3.

Tras la renuncia de Germán Guido Lavalle, Martín Porro asumirá la presidencia de la CNEA. Entre las prioridades de esta etapa se destaca aprovechar que Argentina cuenta con buena parte de la cadena de valor del uranio, aunque aún carece de escala industrial. El país posee el know-how para convertir yellow-cake en dióxido de uranio y, eventualmente, en hexafluoruro de uranio, insumo clave para los reactores de agua liviana.

El contexto internacional acompaña: 65 reactores nucleares están en proyecto o construcción, lo que incrementará la demanda global de uranio. El desafío es capturar esa oportunidad de forma sustentable.

En el caso de Dioxitek, se evalúan nuevos proyectos de producción y exportación de combustible nuclear. La planta actual está excedida en capacidad, presenta problemas edilicios y ambientales, y no permite competir en el mercado internacional. El consumo interno ronda apenas las 200 toneladas anuales de dióxido de uranio. Por ello, se avanza en un acuerdo con la Municipalidad de Córdoba para trasladar la planta y construir una nueva instalación con un modelo de negocio viable.

Ramos Napoli fue crítico del proyecto Dioxitek Formosa, al que definió como un ejemplo de deficiente gestión: cambios de diseño, falta de planificación y un déficit presupuestario de 4.000 millones de pesos que debió cubrirse en 2025.

En otras áreas, destacó el avance del Centro Argentino de Protonterapia, desarrollado junto a la UBA, aunque remarcó la necesidad de definir su modelo operativo. También señaló las limitaciones del mercado para el dióxido de uranio, dado que la mayoría de los nuevos reactores utilizarán uranio enriquecido, lo que obliga a avanzar hacia la producción de hexafluoruro de uranio. En ese marco, Dioxitek firmó en 2025 un memorando de entendimiento con la empresa estadounidense Nano Nuclear.

Otra unidad con fuerte perfil exportador es la de fuentes selladas de cobalto-60, donde se analizan nuevas aplicaciones de mayor valor agregado, como el gamma-knife, tecnología desarrollada en el país.

Respecto al reactor RA-10, lo definió como “el proyecto más relevante de la próxima década”, por su potencial para producción de radioisótopos y su alineación con la demanda global, aunque subrayó nuevamente la necesidad de un modelo comercial sólido.

En cuanto a la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), paralizada desde 2017, recordó la firma de un memorando con CANDU Energy para su reacondicionamiento y eventual provisión de agua pesada a los nuevos reactores CANDU Monark.

Finalmente, sobre el reactor modular CAREM, confirmó la decisión de frenar su construcción por problemas técnicos aún no resueltos, aunque destacó el potencial del ACR-300, desarrollado por INVAP en asociación con una empresa estadounidense.

El nuevo Plan Nuclear apunta así a ordenar, escalar y comercializar capacidades históricas del sector, con el objetivo de convertir a la industria nuclear en un vector real de desarrollo tecnológico, productivo y exportador para la Argentina.