Desde hace décadas, Argentina es un destacado productor mundial de aceite. Sin embargo, carece de una legislación nacional para el tratamiento de aceites vegetales usados.
Esta buena práctica de reciclado, ampliamente difundida en países desarrollados e inclusive en varios países de Latinoamérica, no ha tenido eco en nuestro país.
Según un estudio realizado por la Facultad de Agronomía, se descartan anualmente 2,6 litros por persona de aceite de frituras que no se gestionan, y más de la mitad de los argentinos que cocinan y consumen frituras no separan este aceite usado, desechándolo en los residuos o sistemas cloacales.
El aceite vegetal usado es un subproducto que se genera en los hogares y la industria alimentaria. Con una tecnología simple (actualmente con capacidad ociosa) puede convertirse en un biocombustible de segunda generación.
El país, y particularmente los municipios, tienen una gran oportunidad de transformar un residuo en combustible para su propias flotas, en lugar de sobrecargar sus sistemas de efluentes y deposición de residuos.