Cuando de estrategia a largo plazo y paciencia se trata, mucho tenemos que aprender los occidentales de los orientales.
En medio de la competencia entre China y Estados Unidos por ganar influencia en América Latina, China puso en marcha el megapuerto de Chancay, en Perú, una mega inversión que le llevó una década desarrollar y que realizaron con un perfil muy bajo.
Posteriormente, está financiando a Brasil la factibilidad del ferrocarril trasandino que uniría el puerto de Ilhéus (Atlántico brasileño) con el puerto de Chancay en el Pacífico, pasando por el Cerrado brasileño, donde se produce la mayor parte de los granos que China compra a Brasil. Otra inversión multimillonaria que demandará otra década en ejecutarse y que le daría a la producción agropecuaria brasileña una competitividad única frente a sus dos principales competidores (EE. UU. y Argentina), que deben exportar por el Atlántico.
En la última década, también se desarrolló el Triángulo del litio sudamericano: cerca del 75% del litio producido va a Oriente, y casi la mitad lo producen empresas orientales. Si observamos las inversiones presentadas en el RIGI, esta tendencia se consolidará en la próxima década.
En 2025 llega otra jugada que el tiempo dirá cuánto tiene de estratégica: la aerolínea Eastern Airlines desembarcará por primera vez en Sudamérica a partir de diciembre próximo, uniendo Shanghái con Buenos Aires, en el que será el vuelo comercial más largo del planeta, con una duración de 25 horas.
Pero lo hará tomando la ruta corta que había abandonado Air New Zealand durante el último gobierno kirchnerista, la cual unía Oceanía con Buenos Aires en solo 12 horas, vía el Círculo Polar Antártico.
El arribo, sin embargo, parece representar algo más que un nuevo récord aéreo, si uno escucha a T. Cheng, gerente general de China Eastern Airlines:
“La compañía está comprometida con desarrollar la ruta del sur vía Nueva Zelanda hacia Sudamérica como un corredor más amplio de cooperación, desarrollo y prosperidad. China Eastern se adhiere constantemente a la dirección estratégica de volar más lejos, internacionalmente y hacia mercados emergentes, impulsando su desarrollo global y construyendo una Ruta Aérea de la Seda de alta calidad. Buenos Aires es un hub aéreo del sur de Sudamérica. El éxito de esta operación sentará una base sólida para la futura expansión de la compañía en la región”, afirmó el ejecutivo.
Además, el ejecutivo anticipó que la aerolínea china ampliará su acuerdo de código compartido con Aerolíneas Argentinas.
“Planeamos firmar en noviembre un nuevo acuerdo que abarcará siete rutas de China Eastern (entre ellas Madrid, Roma, Buenos Aires y Auckland) y 55 de Aerolíneas Argentinas, incluidas 37 domésticas, 13 dentro de Sudamérica y cinco internacionales”.
El vuelo se realizará en un Boeing 777-300ER, con una duración total de 25 horas desde Shanghái y 29 horas en sentido inverso. Ambos trayectos incluirán una escala de dos horas en Auckland para la carga de combustible, durante la cual los pasajeros podrán descender del avión.
Otro detalle relevante es que los ciudadanos argentinos —junto con los de Brasil, Chile, Perú y Uruguay— podrán ingresar a China sin visa por hasta 30 días, en el marco de un programa “piloto” que busca fomentar el turismo y los negocios con América Latina.
Para dimensionar quién llega a partir de diciembre: China Eastern Airlines es una de las tres principales aerolíneas estatales de China, miembro de la alianza SkyTeam. Opera una de las flotas más grandes del mundo, con 800 aviones, conecta más de 1000 destinos en 160 países y transporta 140 millones de pasajeros al año, tres veces la cantidad total de pasajeros que vuelan anualmente en toda América del Sur.
El tiempo —quizás una década— dirá si esta nueva Ruta de la Seda, en este caso aérea, tiene éxito y cómo se integra con el Cono Sur, no casualmente el principal abastecedor de alimentos, cobre y litio de China.