A lo largo del último mes hemos visto en los titulares una discusión sobre un negocio entre privados que terminó convirtiéndose en un debate de políticas públicas y que, por los términos en los que se está dando, difícilmente derive en un resultado beneficioso para nosotros, los ciudadanos.
Sin duda, una empresa privada no puede ser obligada a pagar un bien un 30% más caro que su valor de mercado; mucho menos debería ocurrir algo así con obras públicas que se financian con nuestros impuestos. Por otra parte, tampoco puede negarse que el costo argentino hoy no es competitivo frente a los importados chinos e incluso frente a productos intra-Mercosur.
Ahora bien, tampoco los líderes pueden someternos a una nueva discusión —confusa, por cierto— entre dogmas y oligopolios. Quienes ya peinamos canas hemos sufrido ambos durante las últimas décadas. La solución a esta situación estructural argentina se encuentra, sin dudas, en algún punto intermedio, lejos de los extremos, de las amenazas de dejar gente sin trabajo y de las agresiones.
Quienes creemos que la Argentina debe contar con una industria siderúrgica propia y que los precios que pagamos por sus productos no deben ser más altos que los que pagan nuestros vecinos, deberíamos preguntarnos qué hacen nuestros socios comerciales e incluso aquellos países con sociedades a las que aspiramos parecernos.
Los invito a hacer un repaso:
- Brasil, nuestro principal socio comercial y uno de los mayores productores de mineral de hierro a nivel global, establece un cupo de importación de productos siderúrgicos a partir del cual aplica una tasa del 25%.
- Canadá, otro gran productor y exportador de commodities, cuenta con cupos de importación a partir de los cuales cobra aranceles que pueden llegar hasta el 50%, según el tipo de derivado siderúrgico y el volumen importado.
- Estados Unidos: no vale la pena detallar la política arancelaria impulsada por Trump.
- Unión Europea: aplica políticas y aranceles similares a los de Canadá.
- Japón, histórico líder global en aceros y derivados, mantiene políticas antidumping frente a productos siderúrgicos provenientes de Corea y China.
- China, el gran exportador de acero y el “cuco” contra el que batalla el mundo libre, también aplica políticas antidumping para derivados siderúrgicos japoneses.
En síntesis, el sol no se puede tapar con las manos, y mucho menos con insultos, lobbies o amenazas. Los argentinos merecemos una política sensata que equilibre importaciones con precios internos. No hace falta inventar nada: alcanza con copiar buenas políticas que ayuden a mantener un equilibrio en nuestra siderurgia y precios competitivos para sus productos.
Lo que no necesitamos —porque ya lo hemos padecido durante décadas— son nuevos líderes cegados por los dogmas, ni empresarios que no entiendan que “cuando cambia la música, hay que cambiar el paso”.