Uruguay consiguió el 100% de generación eléctrica renovable durante algunos días de febrero 2024.
La Administración del Mercado Eléctrico registró que el total de la electricidad diaria generada en el país fue a través de energías renovables, con las eólica e hidráulica encabezando la lista con el 50,8% y el 30,9%, respectivamente. El resto de la producción de electricidad se repartió entre la biomasa (15,7%) y la solar (2,7%).
A su vez, en el acumulado mensual, los porcentajes de generación fueron 50% para la hidráulica, 32% para la eólica, 14 % para la biomasa, 4% para la solar y apenas un 0,3% para la energía térmica.
Dentro de la generación renovable, es destacable el crecimiento paulatino de la biomasa. En este tema también el país vecino es un ejemplo a imitar por los argentinos.
Desde hace ya casi 50 años, Uruguay, un país con una superficie mucho menor que la de argentina y suelos mayoritariamente mixtos, hizo una Ley de Uso del Suelo; y, con el correr de los años mantuvo políticas coherentes para su desarrollo, más allá de gobiernos e ideologías y cumpliendo con sus leyes; pero -además- sin necesidad de discursos grandilocuentes ni inspiraciones místicas.
Si en la actualidad recorremos el país charrúa, veremos como se han desarrollado (y conviven) producciones agrícolas-ganaderas con forestaciones.
Paralelamente, el país ha logrado instalar tres plantas de celulosa y va camino a instalar la cuarta en Rocha, completando el plan foresto-industrial diseñado hace décadas. Complementariamente, ha desarrollado una vía ferroviaria totalmente nueva para poder exportar su producción celulósica.
En la Argentina -sobre todo, en la Mesopotamia- se planta el doble de las forestaciones que Uruguay, y no hemos podido atraer a ninguna empresa internacional que invierta US$ 2 billones para poder darle destino al bosque, que ya comienza a sobremadurar con los riesgos que ello implica. Lamentablemente, y por el contrario, debemos indicar que espantamos a fondos internacionales e industriales que habían desarrollado plantaciones en Corrientes para poder alimentar dos plantas celulosas.
Podríamos preguntarnos si no ha llegado el momento de abandonar el cortoplacismo e imitar políticas cuyos objetivos y hojas de ruta se ejecuten y trasciendan signos políticos, permitiendo un crecimiento sostenido, quizás con pasos lentos pero firmes.