Vista aérea de la mina de tierras raras en Goiás, Brasil, donde un consorcio estadounidense concretó una inversión estratégica para asegurar el suministro de minerales críticos fuera de Asia.

EE. UU. desembarca en Brasil y acelera la pulseada con China

La mina está ubicada en el estado minero de Goiás, ubicado en el centro-oeste brasileño, y representa un movimiento estratégico para el desarrollo de minerales críticos latinoamericanos.

La confirmación de la compra de la minera Serra Verde por parte de un consorcio estadounidense no es una simple transacción de mercado, sino la captura de una reserva estratégica para la industria militar de Washington, ya que asegura la única operación de tierras raras a escala mundial fuera de Asia y, además, EE. UU. planta bandera en el subsuelo brasileño, rompiendo el monopolio que China ejerce sobre los minerales críticos que definen la tecnología del siglo XXI.

La operación de compra, cercana a los US$ 2800 millones de dólares, fue concretada por la empresa USA Rare Earth, quien realizó la inversión respaldada con el financiamiento directo de la Development Finance Corporation (DFC), el brazo de inversión del gobierno estadounidense.

Los óxidos de tierras raras con potencial minero son praseodimio, cerio, lantano, neodimio, samario y gadolinio, y el objetivo declarado por los compradores es crear una empresa multinacional capaz de liderar toda la cadena productiva: desde la extracción de las tierras raras, la separación y el procesamiento de estos elementos, hasta la fabricación final de los superimanes. Estos componentes son hoy el corazón tecnológico de los motores de autos eléctricos, las turbinas eólicas y, fundamentalmente, de las armas y misiles de última generación.

Según se informó, el blindaje de este flujo se realizará mediante un contrato que establece un régimen de exclusividad por quince años sobre la producción de Serra Verde. Este movimiento representa el primer paso en la intención declarada de reducir la dependencia crítica de las industrias de Estados Unidos en relación con China, quien concentra actualmente todas las etapas del proceso, respondiendo por casi el 80 % de la extracción de tierras raras, el 90 % de su separación y más del 90 % de la fabricación global de superimanes.

En lo político, el gobierno del presidente Lula da Silva intenta mostrar un “no alineamiento” que genera cortocircuitos con Washington, pero sin llegar a una ruptura, ofreciendo una negociación entre ambos gigantes desde la propia estrategia nacional brasileña, algo ya aplicado exitosamente en el desarrollo de los recursos petroleros.