Vista aérea de un bosque denso de coníferas con copas verdes extendiéndose de forma continua.

La deuda forestal

La inversión de US$ 2.000 millones por parte de la sociedad de capitales nacionales Arpulp S.A., con el objeto de instalar una planta de celulosa en Ituzaingó, Corrientes, representa uno de los hitos más relevantes para la forestoindustria argentina de las últimas décadas.

Finalmente, y si este proyecto logra factibilizarse, Corrientes y sus forestaciones podrán tener su planta de celulosa luego de 25 años y con un plan de forestación que proyectaba dos plantas de celulosa, una en cada costa. En el medio transcurrió una cantidad innumerable de desaciertos, que comenzaron con el mayor default de la historia global, seguido por la utilización demagógica que el kirchnerismo hizo del proyecto celulósico uruguayo de Fray Bentos, lo cual terminó de espantar a los inversores que habían apostado a los proyectos en la Mesopotamia.

Los años pasaron, Uruguay ya tiene tres plantas operando y un cuarto proyecto en desarrollo, completando su plan maestro a lo largo de tres décadas, y nosotros nos quedamos con las forestaciones maduras, algunas abandonadas luego de incendios y falta de mantenimiento, y con nuestro río Uruguay más contaminado del lado argentino que del uruguayo.

Vale la pena recordar y no olvidar, fundamentalmente para no volver a cometer los mismos errores.

Volviendo a la actualidad, la presentación del proyecto se hizo con la presencia del gobernador de la provincia, Juan Pablo Valdés, y comprende una futura planta con una capacidad proyectada de 800.000 toneladas anuales de una pasta de especialidad denominada fluff, destinada a papel de uso higiénico y sanitario, lo cual requerirá fibra larga proveniente de forestaciones de pino, de las cuales Corrientes tiene abundante superficie implantada.

Para el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR), este anuncio se trata de una “noticia estratégica que valida las condiciones excepcionales del país en el sector forestoindustrial y abre una nueva etapa de desarrollo con impacto federal”. Indudablemente, a ello se suma el RIGI y el marco de estabilidad que genera para poder recibir estas megainversiones.

La inversión estimada en US$ 2.000 millones no solo tendrá un impacto directo en el ingreso de divisas, sino también por el efecto multiplicador que una industria de este tipo genera en toda la cadena forestoindustrial y en la generación de miles de empleos directos e indirectos, dinamizando sustancialmente la economía en la región nordeste correntina.

La instalación de la planta se proyecta en Ituzaingó, aguas abajo de la represa de Yacyretá, en un área industrial con abundante abastecimiento de energía y agua, además del nuevo puerto fluvial que facilitará el transporte con barcazas hacia la zona de consumo y puertos exportadores.

La inversión fue presentada por Alejandra Aranda, CEO de Arpulp, quien dijo: “Tendremos por delante varias etapas críticas para llevar el proyecto a su fase final. Durante 2026, la prioridad será realizar un estudio ambiental profundo, alineado con los estándares de calidad y seguridad mundiales. Por otro lado, el fondo de inversión Pegasus comenzará con las tareas de búsqueda de financiamiento estratégico de gran escala. En esa hoja de ruta, para 2027 estaremos concentrados en la ingeniería básica y de detalle”.

En tanto, Fernando Correa, a cargo de la tecnología industrial del proyecto, explicó que, si todas las fases previas logran cumplir los requerimientos para su financiamiento, entre 2028 y 2030 estaremos dedicados a la construcción de la planta modelo, para comenzar a operar hacia finales de 2030.

Como en otras oportunidades de esta magnitud, invito a los lectores a que hagamos votos (y votemos) para que este proyecto se concrete y nuestra Mesopotamia recupere su plan forestoindustrial. Trabajemos para dejarle a la futura generación esta enorme posibilidad de desarrollo que nuestra generación se empecinó en dinamitar.