Con el inicio del invierno, la Argentina enfrenta el desafío de atender el pico de demanda estacional, algo habitual en cualquier país con bajas temperaturas, pero que en Argentina ha llegado a ser un inconveniente serio debido a la falta de planificación.
Para el invierno 2026, el crecimiento récord de la Cuenca Neuquina será clave para sustituir importaciones y evitar problemas (al menos serios), tanto de abastecimiento como de divisas.
La llegada del frío activa una demanda crítica de gas natural que puede incrementarse en 50 millones de m³ diarios respecto del verano, y vuelve crítica la operatividad plena del sector de producción y transporte desde Neuquén y el offshore de Fénix.
El sistema buscará (y está trabajando) evitar la saturación vivida en julio de 2025, cuando la demanda residencial superó los 100 MMm³/d, obligando a cortes en industrias y estaciones de GNC. Para este invierno 2026, Vaca Muerta llega con una producción histórica cercana a los 110 MMm³/d, a lo que se suma el aporte estratégico del bloque offshore en la Cuenca Austral, que puede inyectar otros 10 MMm³/d.
Pero, a pesar del salto productivo, el sistema de transporte sigue operando al límite y, como consecuencia, los gasoductos desde Neuquén y las redes troncales exigirán un monitoreo constante de presión para evitar caídas en el servicio, así como un trabajo coordinado entre transportistas y distribuidoras.
Según indican los especialistas, la situación será particularmente crítica en el norte del país ya que, terminada la posibilidad de abastecimiento desde Bolivia, la región depende de la reversión del Gasoducto Norte. Sin embargo, aunque el tema salió de los diarios, aún resta poner en marcha cuatro plantas de compresión y, aun si estuvieran disponibles, en el pico de demanda no hay capacidad de transporte para alimentarlas a pleno, lo que generará que el abastecimiento a dicha zona vuelva a estar al límite. La única alternativa viable será la importación de GNL desde Chile, ya realizada en años anteriores, y su refuerzo con compras puntuales de gas boliviano, a valores de mercado que actualmente se han duplicado debido a la guerra, pero que serán las únicas alternativas para mantener en marcha las centrales eléctricas del NEA.
En lo económico, la eficiencia de la producción local tendrá un impacto directo en las cuentas públicas, ya que el gas local es sustancialmente más económico que el GNL importado o la importación de combustibles líquidos, que también han tenido un incremento superior al 50%. En 2025, el país destinó 700 millones de dólares para la compra de 27 cargamentos de GNL, los cuales seguramente se reducirán en cantidad de barcos, pero queda la duda de si podrá hacerlo en términos de divisas debido a la incertidumbre de precios por la guerra y los daños ya provocados en las plantas de GNL del Golfo Pérsico.
De mantenerse condiciones climáticas normales (sin olas de frío extremas), el país puede estar cerca de su autoabastecimiento, debido a la capacidad proyectada para este invierno de una producción bruta nacional cercana a los 145 MMm³/d.
En síntesis, estamos cerca del autoabastecimiento, pero deben cumplirse aspectos clave para lograr una operación normal del sistema energético durante este invierno 2026; siendo los puntos críticos una planificación y gestión adecuadas del sistema, junto con la continuidad operativa de las cuencas neuquina y austral, al igual que de los gasoductos troncales.
Para 2027, TGS proyecta terminar la ampliación del gasoducto Perito Moreno, aportando 14 MMm³/d adicionales para abastecer GBA y la zona centro. La zona norte del país seguirá quedando en deuda, ya que no hay una obra de infraestructura en curso que resuelva cómo inyectar gas de Neuquén en Córdoba, a fin de poder alimentar el Gasoducto Norte reversionado en temporada de alta demanda.