En 1964, Japón transformó el transporte de pasajeros con la llegada del primer tren bala, un proyecto que revolucionó la movilidad conectando Tokio con Osaka.
Medio siglo después, vuelve a liderar un innovador proyecto de transporte, pero esta vez dirigido al transporte de cargas. El país planea construir la “cinta transportadora más larga del mundo”, con el objetivo de resolver la creciente escasez de conductores de camiones en el país.
Japón enfrenta una demanda cada vez mayor de servicios de entrega, impulsada por la expansión del comercio online y la necesidad de una logística más eficiente tanto energética como ambientalmente. Sin embargo, el déficit de conductores en el sector del transporte se ha agravado, afectando al transporte de carga y de pasajeros.
Ante esta realidad, el proyecto de una cinta transportadora automatizada se presenta como una solución estratégica, con el potencial de suplir la demanda de 25.000 camioneros diarios.
La cinta unirá los 500 kilómetros que separan Tokio de Osaka y tendrá un avanzado diseño, que permitirá el traslado continuo de mercaderías mediante un sistema de “carretera de flujo automático”. Esta carretera totalmente automatizada transportará contenedores sobre pallets de hasta una tonelada de carga, desplazándose a lo largo de una vía central situada entre los carriles de una autopista que une las dos ciudades.
El innovador proyecto incluirá una serie de tecnologías robotizadas que facilitarán su operación ininterrumpida, con contenedores que serán cargados automáticamente mediante robots, conectando una red logística que enlazará centros logísticos, aeropuertos, puertos y estaciones de tren.
Según el Ministerio de Transporte japonés, la cinta funcionará de manera autónoma las 24 horas, asegurando un flujo constante de mercancías y evitando las limitaciones de horario y riesgo de la conducción humana. Con este sistema, Japón aspira a establecer un corredor logístico avanzado que reduzca la dependencia de la mano de obra en un sector que afronta restricciones cada vez mayores, y un transporte que requiere ser más eficiente en tiempo, en consumo energético y emisiones a al atmósfera.
Este proyecto representa para Japón una gran inversión en infraestructura y tecnología avanzada, que podría consolidar a Japón como un líder en innovación logística a nivel global.
La construcción de la cinta costaría unos 2.000 millones de dólares y tiene un cronograma de largo plazo con las pruebas iniciales previstas para 2027, con entrada en funcionamiento por etapas y operación completa a mediados de la próxima década.