Edificio corporativo de YPF, con el logotipo de la compañía visible sobre una fachada de vidrio.

La buena gestión demuestra que no se requieren actos heróicos

Esta última semana, quienes seguimos de cerca el negocio energético hemos leído noticias de YPF que estábamos más acostumbrados a encontrar en los reportes de las grandes petroleras privadas.

Durante años —en realidad, décadas, si pensamos en el ciclo trunco de Estenssoro— YPF nos había acostumbrado a verla como un campo de batalla, donde dirigentes políticos podían llevar adelante sus actos heroicos o empresarios demostrar sus “habilidades” en mercados regulados.

Hoy, en lugar de un Belgrano o un Sarmiento, tiene las riendas un ejecutivo que vino, simplemente, a hacer su trabajo. Para ello diseñó y lidera la estrategia de negocios de una petrolera, aprovechando sus recursos humanos y respetando a sus inversores, que en este caso particular somos los ciudadanos y sus accionistas.

Así, utilizando los recursos disponibles, el fabuloso potencial de Vaca Muerta y, circunstancialmente, los beneficios derivados de la desgraciada guerra en el Golfo, pero sin necesidad de mandar ninguna caballería al ataque ni matones a bloquear estaciones de servicio de la competencia, YPF publicó los siguientes resultados trimestrales:

  • Una utilidad neta de US$ 1.205 millones.
  • Un crecimiento interanual del 47% en la producción de petróleo.
  • Inversiones por US$ 1.300 millones.
  • Un plan estratégico, denominado 4×4, que marcha según lo previsto y permitirá que VMOS comience a exportar crudo en el primer trimestre de 2027.
  • Un joint venture con dos gigantes globales que puede hacer viable el megaproyecto Argentina LNG.
  • Un aumento de la participación de mercado y un posicionamiento de la marca YPF que serían la envidia de cualquier especialista en marketing o propietario de una empresa local.
  • Y, consecuentemente, una acción que acumula una suba del 40% en el año, superando incluso a algunas de las petroleras locales más exitosas.

Qué alegría da leer estas noticias y comprobar que estos resultados se lograron mediante un equipo profesional y un líder competente, sin necesidad de politiquería ni de recurrir a especialistas en mercados regulados.

Y doble alegría para quien escribe esta nota: un ingeniero, hijo de una familia “ypefiana”, cuyo padre dejó la chacra a comienzos de los años 40 para trabajar en el montaje de una refinería, y cuyos hijos fuimos becarios de esta querida petrolera.

Una empresa que, lamentablemente, sufrió tantos abusos durante más de medio siglo y que ahora, con los “políticos abstenerse”, proyecta un futuro de crecimiento no solo para la propia compañía, sino también para el sector energético que lidera y para las finanzas de nuestro país.