Vista aérea de un extenso campo agrícola con cultivos organizados en parcelas rectangulares y caminos internos que dividen la plantación.

La tecnología agrícola argentina sigue avanzando

La Corporación Financiera Internacional (IFC), brazo financiero del Grupo Banco Mundial para el sector privado, otorgará un financiamiento de US$ 50 millones a GDM para desarrollar nuevos híbridos de maíz.

El objetivo de la operación es fortalecer la innovación y la productividad del cultivo, contribuyendo al desarrollo de tecnologías agrícolas y a la seguridad alimentaria.

Según informó la IFC, «el financiamiento respaldará el desarrollo de híbridos de maíz de alto rendimiento, permitiendo a GDM Argentina ampliar sus capacidades de investigación y desarrollo (I+D) en este cultivo». Asimismo, Manuel Reyes-Retana, director regional de la IFC para Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, destacó que «apoyar al sector agroindustrial es fundamental para promover el empleo rural, la generación de ingresos y el crecimiento sostenible de largo plazo».

Por su parte, Marcos Quiroga, Chief Science Officer de GDM Argentina, afirmó que «este financiamiento refuerza nuestro compromiso de largo plazo con la innovación y con el papel que desempeña la Argentina en el desarrollo de tecnologías de semillas para la agricultura mundial».

La compañía viene consolidando su posicionamiento en el negocio del maíz gracias al desarrollo de germoplasma propio y a la adquisición, en 2024, del negocio de maíz de KWS en Sudamérica. Según explicó la empresa, los fondos se destinarán a profundizar esa estrategia mediante el fortalecimiento de sus capacidades de investigación y desarrollo enfocadas en este cultivo.

En esa misma línea, GDM señaló que el financiamiento también se enmarca dentro de la iniciativa AgriConnect del Grupo Banco Mundial, orientada a impulsar soluciones tecnológicas agrícolas escalables mediante semillas mejoradas, herramientas digitales y una mayor integración de toda la cadena de valor.

Más allá del impacto directo sobre la compañía, esta inversión contribuye a consolidar el liderazgo tecnológico que la Argentina ha construido durante años en el desarrollo de genética vegetal, primero en soja y, cada vez con mayor fuerza, también en maíz.