La propulsión nuclear en navíos no es una novedad: lleva más de medio siglo en uso en submarinos, buques militares y rompehielos. Lo innovador de este proyecto es su aplicación a un portacontenedores de gran porte, destinado al comercio global y, en particular, a la estrategia exportadora de China.
Según las especificaciones presentadas por el astillero, el buque tendría una capacidad de hasta 25.000 TEU, ubicándose en el segmento de los mayores portacontenedores actualmente en operación.
El núcleo tecnológico del diseño es el reactor nuclear. No se trataría de un reactor convencional de agua a presión, sino de un reactor de sales fundidas alimentado con torio, una tecnología que China viene desarrollando desde hace años a escala piloto (TMSR) y que recientemente comenzó a operar en un reactor experimental. China e India lideran este campo, impulsadas por la posibilidad de aprovechar sus vastas reservas de torio, una alternativa al uranio tradicional que ofrece mayores márgenes de seguridad y una generación significativamente menor de residuos.
En este tipo de reactores, el combustible no es sólido, sino que se encuentra disuelto en una sal líquida. Esto permite operar a baja presión y elimina los escenarios de sobrepresión típicos de los reactores convencionales. Ante cualquier anomalía, la propia física del sistema actúa como mecanismo de seguridad: la reacción nuclear se desacelera o se detiene de manera pasiva, sin necesidad de intervención humana.
El torio-232 no es directamente fisible, sino fértil. Al capturar un neutrón, se transforma en uranio-233, que luego se consume de forma muy eficiente dentro del reactor. De este modo, prácticamente todo el torio termina convertido en material fisible, a diferencia de los reactores de uranio, donde solo fisiona entre el 4% y el 5% del combustible. A esto se suma que el torio es aproximadamente cuatro veces más abundante que el uranio, genera menos residuos de larga vida y presenta menores riesgos de proliferación.
Las ventajas para un uso comercial potencial son evidentes: autonomía energética durante toda la vida útil del buque, emisiones operativas nulas, costos de combustible prácticamente irrelevantes y una independencia energética casi total para países como China, con abundantes reservas del mineral.
El principal desafío es de carácter regulatorio, ya que se trata de una tecnología que aún se encuentra en fase de desarrollo, aunque avanza con rapidez gracias al fuerte respaldo del gobierno chino. La gran pregunta ya está planteada: ¿podrá considerarse suficientemente segura para operar en manos de operadores comerciales? De ser así —según coinciden especialistas del sector, incluidos expertos occidentales—, el impacto sería significativo, al contribuir a reducir la huella del transporte marítimo, responsable de alrededor del 3% de las emisiones globales de CO₂.
Los países con mayores reservas de torio son India, China, Australia, Estados Unidos, Brasil y Turquía, un dato que anticipa un fuerte impulso a esta tecnología si el proyecto piloto logra demostrar su viabilidad técnica, económica y regulatoria.