En el marco de su estrategia nacional, China ha aumentado significativamente sus inversiones en la producción de industrias “verdes”, las cuales abarcan vehículos eléctricos, baterías de iones de litio y energía solar, logrando costos de escala y precios altamente competitivos.
De acuerdo a Wood Mackenzie, durante el 2023 se invirtieron US$ 130 billones en la industria solar, lo que los llevará a tener el 80% de la capacidad de manufactura mundial de paneles solares para 2026.
Las baterías de litio también tuvieron un impulso el año pasado, representando el 30% de las exportaciones durante el 2023, y pretenden duplicar ese valor en los próximos 3 años. Siendo los vehículos eléctricos un driver para tal fin, según China Association of Automobile Manufacturers (CAAM), el país exportó alrededor de 5 millones de unidades el pasado año y estiman que este año lograrán 1.5 millones adicionales.
Esta situación ha encendido alertas en Estados Unidos y la Unión Europea, que han manifestado abiertamente su preocupación por el impacto que esto tiene en su propia lucha de incrementar market share en los mismos sectores, denominando a esta estrategia un “desequilibrio macroeconómico” y acusándolos de perturbar los precios a nivel mundial al inundar el mercado con productos “artificialmente económicos”.
Al final, cada país busca su bienestar, y la postura China les permitió mantener su consumo doméstico e incrementar sus tasas de empleo. Por estas latitudes impactaría positivamente, viabilizando proyectos de energías renovables y/o de litio al contar con precios competitivos y un mercado ávido de insumos.