El gobierno chino anunció hace unos meses que los minerales raros son considerados un bien nacional y prohibió a organizaciones e individuos tomar el control de dichos recursos. Paralelamente, impulsó un programa para rastrear y controlar todos los recursos vinculados a estos minerales, incluyendo su producción, procesamiento y exportación.
Sin embargo, esta historia comenzó hace más de cuatro décadas, cuando se detectó que la importancia de estos minerales —incluidas las tierras raras— radica principalmente en sus usos en la industria bélica, la transición energética, la industria automotriz, diversos aspectos de la seguridad y la industria global de los microchips. Estos minerales constituyen la base de todas las ramas de la industria moderna y, por ende, el control de su cadena de suministro es esencial para el desarrollo económico de China, así como un medio para posicionarse como un actor relevante en la economía y la política global. Dato curioso: aunque los primeros microchips se desarrollaron en Estados Unidos, actualmente ese país solo abastece el 10 % del consumo mundial. Esta dependencia de proveedores externos es motivo de considerable preocupación para la administración estadounidense.
África alberga el 30 % de los metales y minerales críticos para la industria moderna, y China ha ido apoderándose gradualmente de minas con potencial práctico en todo el continente. Su intervención en Nigeria, por ejemplo, ha estado acompañada de inversiones de unos tres mil millones de dólares en infraestructura como motor de desarrollo económico, creando 4.000 empleos e ingresos fiscales por 125 millones de dólares. También destacan sus inversiones en minas de cobalto y cobre en la República Democrática del Congo y Zambia, y en minas de litio en Zimbabue, así como en yacimientos de tierras raras. Todo esto se ha dado junto a enormes inversiones monetarias, muchas veces bajo condiciones laborales y ambientales cuestionables (según informes del INSS y la EIA).
El mercado del litio merece un párrafo aparte, debido a las reservas y recursos que posee nuestro país. Este mineral es un componente esencial de las baterías recargables utilizadas en diversas aplicaciones relacionadas con la producción de energía verde —como la fusión nuclear—, en particular para vehículos eléctricos, ordenadores portátiles, comunicaciones celulares y paneles solares. Otra ventaja económica de las baterías de litio es su capacidad de reciclaje: el volumen de este mercado fue de 6.500 millones de dólares en 2022 y se espera que alcance los 35.000 millones de dólares para 2031 (con un crecimiento promedio del 20,6 % anual).
Actualmente, China domina el mercado mundial de baterías de litio; ha completado la construcción y modernización de plantas de procesamiento en Zimbabue y Malí, y ha adquirido minas en Argentina por cientos de millones de dólares. Según las últimas cifras, China controla en la actualidad el 65 % de las grandes plantas de procesamiento de litio crudo del mundo.
En los últimos años, China ha realizado enormes inversiones en minas y plantas de procesamiento, llegando a controlar hasta el 90 % del mercado en algunos minerales, como el magnesio. Este hecho tiene implicaciones tanto económicas como políticas, especialmente en sus relaciones con Estados Unidos y con países de África, Latinoamérica, Europa, Asia y el Sudeste Asiático.
El control chino genera preocupación en Estados Unidos, Australia y la Unión Europea, que están buscando socios estratégicos para desarrollar sus propias tecnologías y recursos, con el objetivo de fortalecer sus economías y minimizar el monopolio chino sobre diversos metales y minerales. Debido a la relevancia del tema, la UE ha decidido limitar su dependencia de proveedores externos de metales y minerales críticos —incluidas las tierras raras— y establecer una gran planta en Estonia.
Recientemente se descubrieron grandes yacimientos de tierras raras (TER) en Noruega y, gracias a los esfuerzos conjuntos de Estados Unidos, Canadá y Australia, se prevé una reducción considerable —aunque no cuantificada en los informes— del control chino sobre la cadena de suministro de tierras raras hacia el año 2030.