La Inteligencia Artificial (IA) ha emergido como una herramienta crucial en la optimización de procesos, en la lucha contra los problemas ambientales, en la conservación de la biodiversidad, la mejora en la gestión del uso del suelo y en la predicción del clima. También se presenta como una herramienta de control para estados y organizaciones.
La capacidad de la IA para analizar datos geoespaciales, como los provenientes de satélites, drones y sensores remotos, ha permitido avances significativos en la observación y conservación de hábitats. A través de modelos predictivos, la IA también ayuda a los gobiernos y las organizaciones a identificar áreas prioritarias para la restauración de ecosistemas y la conservación de especies en peligro de extinción.
Así como colabora con medidas predictivas y preventivas, también es una herramienta más de control y de cross-check o control cruzado entre lo que se informa y la realidad.
Por ejemplo, permite a la Agencia Espacial Europea (ESA) recopilar datos de vastas áreas de la Tierra, proporcionando información precisa sobre la deforestación y los cambios en el uso del suelo. Esta información ya se utiliza para evaluar el cumplimiento del Reglamento de Deforestación de la UE (EUDR) y confirmar lo informado por los exportadores.
La Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), la FAO, el Instituto de Recursos Mundiales, Google, la NASA y Unilever están utilizando la IA y el aprendizaje automático para armonizar datos incompatibles. En los próximos cinco años, prevén que esta colaboración desarrollará un sistema global científicamente sólido y transparente para comprobar la huella de deforestación de cualquier paquete de café o barra de chocolate que se comercialice en todo el mundo.
Y no tan solo vemos aplicaciones en controles de deforestación, sino que también proyectos como Climate TRACE utilizan IA para rastrear emisiones de gases de efecto invernadero con una precisión sin precedentes en más de 350 millones de activos en todo el mundo, entre los que figuran las operaciones de oil&gas en Argentina. Esto permite a los gobiernos emplearlo como control cruzado en la información que se informe internamente (por ejemplo, Neuquén implementó el Programa de Monitoreo y Mitigación de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero en el Sector Hidrocarburífero) y en las futuras declaraciones de emisiones de las exportaciones de oil&gas que realice Argentina a la Unión Europea.
Con la IA y la globalización de la información, que llega al detalle del conteo de especies y de emisiones sitio por sitio a lo largo y ancho del planeta, ¿podríamos decir que el margen para la famosa viveza criolla argentina está llegando a su fin?